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Moonchild en Chile: Infieles Abatidos en Sendas Cruzadas Lideradas por John Zorn

Por: 15 Jun, 2013 4 Comentarios

Moonchild @ Teatro Caupolicán. Santiago, Chile [Junio 12, 2013]

Review por Francisco Javier Rodríguez

Algo redundante es comenzar estos párrafos con citas al entusiasmo y ansias con las que esperábamos el regreso de John Zorn a suelo chileno, sin embargo no puedo mantener ajeno el sentir de gozo con el que llegué hasta el reducto de San Diego el pasado miércoles. Debo reconocer que mi nerviosismo ya comenzaba a hacerse sentir un par de semanas atrás cuando el maestro arremetía en Alemania dentro de Moers Festival junto a su serie de proyectos que destacaban por incluir el show de Templars, con la gran adición de John Medeski en primera línea.

Así, y luego de la sucesión de los días más rápidos del año, llegó el momento de aventurarme a entrar en la cruzada de los templarios. Con un teatro qué colmó su parte baja (la única zona habilitada, tal cual lo vio el evento de Masada el último año), los infieles y herejes estábamos en el lugar donde a la postre nos veríamos abatidos por la tromba musical que muchos deseábamos experimentar.

Sin música ambiente ni condimentos excéntricos, la simpleza absoluta reinó en la previa -que pese a extenderse por unos cuantos minutos extra- no generó impaciencia sino que muy por el contrario, generó una rica atmósfera de espera que convergió en la desbordante ovación de la audiencia cuando hacían ingreso los hijos de la luna.

John Zorn saluda al público, coge el micrófono, y luego de introducir a sus pupilos se aparta de la escena para contemplar el actuar de éstos desde un costado.

Oscuridad y misticismo pintan la obra desde un comienzo con la magia del teclado de Medeski junto a los primeros acordes de Trevor Dunn -que sin desmerecer a ninguno de los otros músicos- se robó la velada por su enorme capacidad de ejecución, indiscutiblemente. Pocos segundos transcurren para que la garganta de Mike Patton comenzara a hacer de las suyas con el imponente Templi Secretum, que tras sus casi 6 minutos de duración, marcó la pauta de lo que fuésemos a escuchar durante los aproximadamente 70 minutos de show, la cabal interpretación del último trabajo de la saga Moonchild.

En ese marco, cae Evocation of Baphomet y la evolución de densos y lentos golpes que brillaron por el juego incesante de Joey Baron en los platillos de su batería. Él es un tipo de enorme carisma que SIEMPRE se le ve sonriente y disfrutando al 100% su trabajo, y el público del Caupolicán pudo apreciar esta bendita cualidad. Un monstruo que con su enorme experiencia sostiene -cual columna vertebral- los escapes de cada uno de sus partners a través de su certera compañía.

El set era lógico y avanzaba con el cumplimiento de todas las expectativas generadas en la previa. Uno de los puntos altos de la noche vino con Prophetic Soul, el track que por excelencia hace el mayor barrido de todo el ejercicio vocal utilizando los recursos del intérprete, quien se desenvolvió de la manera característica al ejecutar lo compuesto por John Zorn. Toques de jazz en el fondo dan impulso a las escalas que al unísono recorren Medeski y Patton, las cuales son brillantemente mezcladas por Marc Urselli en su trabajo en mesa de sonido, que vale decir, brilló anónimamente en todo instante.

Sin mayor interacción, tanto los músicos como la audiencia entienden que la presentación responde a otro enfoque y a través de la vía de tocar sin pausas generan conexión en un nivel superior, muy grata por cierto. Lo más visceral y cercano a las primeras entregas del proyecto emergen en Libera Me, un espacio donde Dunn explota sus habilidades e impacta a la audiencia con la soltura con la que suele interpretar.

A Second Sanctuary comienza con un fraseo en voz baja y poco a poco se abre al protagonismo del tecladista de MM&W, que de intervenciones muy selectas da un giro increíble hacia la agresividad y libre ejecución. Dedos, antebrazo y codos percuten a toda velocidad en un muestra de libre interpretación, que sabemos, responde a un margen pre establecido que “mantiene el control” de la escena.

De vaivén emocional es el momento que nos entregan con Recordatio, una pieza que presenta mezcla de ritmos muy propia con la que se desenvolvió Edgar Varese por sus años, y que influenciara a Zorn para llevar a cabo todos estos actos mágicos. Ya llegando al final Joey Baron emula el ruido de las armaduras y espadas de los caballeros templarios en las marchas hacia sus batallas a través de Secret Ceremony, y con un latín por parte de Mike Patton cuyas líneas rezaban “Sanctus, Sanctissimus” dan fin al set formal de la embestida en Santiago.

Acto seguido John Zorn entra a escena nuevamente y vuelve a presentar a cada uno de los músicos para reverenciar a la masa de infieles, la cual tras el retiro de Moonchid vitorea enérgicamente para seguir disfrutando de la condena propiciada por el quinteto de norteamericanos.

El encore era inminente y luego de pocos minutos de aplausos y ovaciones Dunn, Patton, Baron y Medeski vuelven al escenario, quienes esta vez junto a John Zorn interpretaron una improvisación comandada por el director del ensamble, quien jugó a destajo para generar un momento de caos -descontextualizado del sonido de Templars- que para algunos significó el clímax de la noche. Una vez más los músicos se retiran e inéditamente retornan para ofrecer una segunda instancia de improvisación con conductor sobre las tablas. Esta vez la estructura del sonido respondió a la marca del álbum que los trajo a Chile, que incluso tuvo al vocalista leyendo las referencias utilizadas en el set inicial.

Moonchild en Santiago explotó y cautivó a la audiencia, quedando en la retina de los presentes por la peculiaridad y potencia de su naturaleza. Una apuesta de la producción que vuelve a marcar hitos con la figura del saxofonista en el registro de música internacional en Chile. Todos los herejes fuimos abatidos en escena, sin embargo quedaremos satisfechos por un largo tiempo con la brillante cruzada de los Templarios.

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Moonchild @ Teatro Municipal. Valparaíso, Chile [Junio 13, 2013]

Review por José Ignacio Vidal

Moonchild en Valparaíso fue la idéntica tónica que presentaba el conjunto en sus presentaciones durante este 2013 en Europa y en Sudamérica, y fue una extensión más íntima de lo que la banda presentó en Santiago. En general siguió la línea de presentación introductoria al último disco Templars – In Sacred Blood, donde las expectativas fueron muy altas, luego de un concierto sólido en Santiago, además de adherir el hecho de tener a John Zorn y sus secuaces por primera vez en Valparaíso, considerando además lo mediático que genera en el ambiente la sola presencia de Mike Patton en el Teatro Municipal de la ciudad porteña.

Fueron 1500 personas que repletaron el Teatro y que disfrutaron pasadas las 21:30 de los azotes de las mismas canciones templarias que presentaron en Santiago con un lugar realmente idílico para presentar la obra de Zorn, con un escenario limpio en conjunto con una buena ornamentación de telones que distó a lo que presenciamos en el Teatro Caupolicán rodeado de mallas rachel de color negro, todo lo contrario de una muestra de un Teatro a la altura para un concierto interpretado por músicos de alto nivel, junto a un buen juego de luces que hizo resaltar el momento histórico que presenciamos.

Con la introducción por parte de John Zorn “La roca” (Dunn), “El cuerpo” (Baron), “El alma” (Medeski), “La voz” (Patton) comenzaron las impecables ejecuciones de cada canción de la última placa, pero con la salvedad en el sonido, que se ajustó en su amplitud, lo cual fue lo adecuado para no saturar el Teatro que de por sí no cuenta con una eximia acústica -jamás lo ha tenido- pero resultó apropiado a los requerimientos de la altura de Marc Urselli (sonidista/ing en Templars cd), quien de cierta forma moldeó el teatro a una altura justa y necesaria para obtener un sonido no tan al límite como se presentó en Santiago. Ejemplo de esto fue la mediación vocal de Mike Patton quién demostró una furia pasiva, menos chillidos pero una adecuada interpretación.  Hizo el trabajo apropiado para exacerbar al público asistente agradecido de escuchar la fuerza barítona nunca antes escuchada ni registrada en Chile en el contexto de interpretar la obra de Zorn.

La tónica fue similar a la del Teatro Caupolicán, los músicos en cuestión irradiaron una felicidad particular y al mismo tiempo el virtuosismo que los precede, pero con una particular alegría que se reflejaba en cada instante cuando levantaban sus cabezas y veían un gozo generalizado al ver un teatro repleto en Valparaíso, por ende la ejecución en su totalidad fue exquisita, sin ramificar en libres improvisaciones durante toda la interpretación de casi 50 minutos del Templars, simplemente ejecutaron a cabalidad la obra en cuestión, algo muy agradecido por lo menos por nosotros.

La lluvia de elogios por cada tema no se hacen esperar, no hubo quejas, hubo de cierta forma y medida un “entendimiento” conciliador del público porteño hacia Moonchild, fiel reflejo de la educación que se refleja ante la cantidad de presentaciones y festivales de carácter experimental en la ciudad y un agradecimiento hacia la visita de los cinco maestros a la ciudad, cosa única e irrepetible que quedará marcado con cincel en nuestras memorias por mucho tiempo.

Luego de la interpretación de Templars, vinieron dos falsos muy particulares e intensos en cuanto a la interpretación mediante la dirección de John Zorn bajo su juego de movimientos y gesticulaciones corporales hacia los músicos, dos extensiones en miniatura de Templars de al menos 5 minutos de duración cada uno, duración más corta que la de Santiago, pero mucho más intensa en cuanto a la ejecución y órdenes de Zorn, quien de cierta forma dio libre albedrío para que los músicos librasen feroces luchas personales en total improvisación, la locura de estas improvisaciones fueron infernales gracias al toque de Medeski quién hizo llorar a su órgano, Trevor Dunn demostró una maestría innata, y Joey Baron con cadenas y baquetas hizo sufrir a sus tarros.

Moonchild en Valparaíso fue un concierto armonioso en donde la interpretación de Templars fue al grano y  Zorn como conductor hizo bajo su esquema y estructura mental en el final del concierto un espectáculo que agradecimos todos, la maestría en ejecución se hizo notar y con un final apoteósico nunca antes visto por parte de los músicos y el público hizo que existiese un respeto mutuo, un respeto que de cierta manera hizo sonreír de forma honesta a Zorn en su despedida de Valparaíso.

Fotografías por Camila Schliebener

4 comentarios para "Moonchild en Chile: Infieles Abatidos en Sendas Cruzadas Lideradas por John Zorn"

  1. Vithoven

    16/06/2013

    Esta reseña es sólo una muestra más de la seriedad y objetividad con que se maneja THF, sin duda características que le destacan por sobre la mayoría de los sitios dedicados a revisar y hacer artículos de este tipo de sucesos.

    Una felicitación sincera para José, Francisco y Camila; espero no haber dejado a nadie fuera de la lista.

    Un saludo y abrazo fortísimo.

    Responder
  2. Francisco Mancilla

    17/06/2013

    Fue brutal, tenia las mejores expectativas y aun así me quede muy corto, no esperaba tanta potencia por parte de estos putos templarios.

    Se agradece la info sobre el evento en todo este tiempo, muy buena review..
    Saludos y feliz cumple!, sigan acercando lo mejor de la música a este rincón del mundo como lo han hecho estos 3 años.

    Responder
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